Premio Internacional Jovellanos "Resistencia y Libertad" Gobierno del Principado de Asturias Gobierno de las Illes Balears

Premio Internacional Jovellanos "Resistencia y Libertad"

Gobierno del Principado de Asturias
Govern de Les Illes Balears

Jovellanos y la Ilustración española

Jovellanos y Goya

Jovellanos y Goya

“Será tan imposible que yo deje de hablar por un amigo cuya suerte está en manos de otro como que exija de éste cosa que sea contraria a su honor y a la justicia”

Durante su estancia en Madrid, Jovellanos mantiene una vida social intensa. Uno de sus amigos más famosos es Francisco de Goya, y ambos habían ingresado en la Academia de Bellas Artes el mismo año. El pintor realizó dos retratos de Jovellanos, uno en 1783 y otro en 1798. Fue el ilustrado quien medió para que el Consejo de las Órdenes Militares encargase a Goya cuatro figuras de tamaño natural de la Inmaculada Concepción, San Benito, San Bernardo y San Raimundo de Peñafort, para el Colegio de Calatrava de Salamanca. Y siendo ministro, encargó al pintor la decoración de la cúpula de la ermita de San Antonio de la Florida de Madrid, obra magna de Goya.

El Real Instituto de Náutica y Mineralogía

El Real Instituto de Náutica y Mineralogía

“Para mí la educación es la primera fuente de toda prosperidad, y a la demostración y a la persuasión de esta verdad están consagrados mis luces, mi tiempo y existencia”

En 1791, Jovellanos propone la creación en Gijón de una Escuela de Mineralogía y Náutica, para instruir personas capaces de explotar una mina o de pilotar un barco con una buena preparación académica. El ilustrado defiende que la instrucción es la base del progreso económico, y el Instituto podría aumentar —con una enseñanza moderna— la riqueza de Asturias y el bienestar de sus gentes.
Tras una gran polémica con la Universidad, el Instituto se inaugura el 7 de enero de 1794. Ese día Jovellanos pronuncia su Oración inaugural, magnífica síntesis de su pensamiento, en la que se aleja de los planteamientos de la enseñanza escolástica. Apuesta por un mundo nuevo, donde una persona vale porque trabaja, tiene derecho al respeto y al premio porque posee sabiduría, y es sabia porque es útil a la sociedad. El escudo colocado en una de las puertas del Instituto luce el lema Quid verum, quid utile, (a la verdad y a la utilidad pública).

Jovellanos y la Inquisición

Jovellanos y la Inquisición

“La ciencia es sin disputa el mejor, el más brillante adorno del hombre”.

La Inquisición recela desde el principio del Real Instituto de Náutica y Mineralogía promovido por Jovellanos. Así, deniega reiteradamente los permisos solicitados por el ilustrado para que la biblioteca disponga de libros prohibidos de física y mineralogía. Y en 1795, Francisco López Gil, cura de Somió y comisario de la Inquisición, lleva a cabo una pesquisa secreta en el Instituto. Jovellanos lo descubre, y escribe en su diario el 5 de septiembre de 1795: “¿Qué será esto? ¿Por ventura empieza alguna sorda persecución del Instituto? ¿De este nuevo Instituto consagrado a la ilustración y al bien públicos? ¿Y seremos tan desgraciados que nadie pueda asegurar semejantes instituciones contra semejantes ataques? ¡Y qué ataques! Dirigidos por la perfidia, dados en las tinieblas, sostenidos por la hipocresía y por la infidelidad a todos los sentimientos de la virtud y la humanidad. Pero ¡guárdense! yo sostendré mi causa; ella es santa; nada hay ni en mi institución, ni en la biblioteca, ni en mis consejos, ni en mis designios que no sea dirigido al único objeto de descubrir las verdades útiles. Yo rechazaré los ataques, sean los que fueren, y si es preciso moriré en la brecha”.
Otro incidente con la Inquisición se produce en 1796, cuando el comisario del Santo Oficio Antonio Vigil Sariego solicita la lista de los libros reservados de la biblioteca. Jovellanos protesta, escribe al fiscal de la Inquisición de Valladolid —asegurando no tener ningún libro prohibido— y remite la lista. Algunos ejemplares son calificados de sospechosos, y sólo uno prohibido: De Officio hominis et civis secundum legem naturalem, de Samuel Puffendorf.
Ya ministro, Jovellanos intenta reformar el Tribunal de la Inquisición. Para ello, en un informe de 1798 plantea una reforma de los estudios universitarios y una reforma jurídica. Y el 15 de agosto de ese mismo año —tras un intento de envenenamiento— es cesado: un sector de la corte había conjurado contra él, a raíz de su Informe en el Expediente de Ley Agraria y de sus opiniones sobre la Inquisición, que perjudicaban demasiados intereses.

Obra de un ilustrado

Obra de un ilustrado

"¿Qué sería de una nación que en vez de geómetras, astrónomos, arquitectos y mineralogistas, no tuviesen sino teólogos y jurisconsultos?"

La obra de Jovellanos es muy variada: aunque lo más importante son sus ensayos, también se dedicó a la poesía y al teatro. En sus innumerables ensayos, trata de forma didáctica temas de entrada áridos, siempre relacionados con la economía, la política, la agricultura, la filosofía y las costumbres.

Entre estos escritos destaca el Informe en el Expediente de la ley agraria, publicado en 1795, en el que se muestra partidario de eliminar los obstáculos políticos, morales y físicos a la libre iniciativa. Para encaminar el país en la senda de la industrialización, propone que los baldíos y montes comunales pasen a propiedad privada, disolver la Mesta, cercar las fincas, arrendamientos basados en el pacto libre entre colonos y propietarios, limitar los mayorazgos, suprimir la amortización eclesiástica y modificar los impuestos. Todo ello además de reformar la enseñanza —para hacerla más práctica, dando importancia a las materias científicas— y aumentar la inversión del Estado en obras públicas. Estas medidas crearían las condiciones idóneas para constituir un mercado de tierras, aumentar la producción y crear un mercado nacional unificado, condiciones que posibilitarían el aumento de la población y de su nivel de vida, base para iniciar la industrialización.

Durante su estancia en Sevilla participa en la tertulia de Pablo de Olavide, y es entonces cuando empieza a escribir poesía amorosa, redacta la primera versión de la tragedia Pelayo o La muerte de Munuza (1769) y la comedia El delincuente honrado (1773). También a lo largo de su vida traduce algunas obras, como la tragedia Iphigenia de Jean Racine (1769), y Voyage dans l’Egypte pour decouvrir les sources du Nile, de James Bruce. 1795. Además, escribió innumerables cartas, diarios y memorias, fuente inagotable de detalles sobre su vida y su tiempo.

Trayectoria de un progresista

Trayectoria de un progresista

"Yo no sigo un partido, sino la santa y justa causa que sostiene mi patria."

Terminados sus estudios, en 1768 Jovellanos fue nombrado alcalde del Crimen de la Real Audiencia de Sevilla, y en 1774 ascendido a la plaza de oidor. En 1778 el rey le nombra alcalde de Casa y Corte, para lo que se traslada a Madrid. En esa época ingresa en la Real Sociedad Económica Matritense, en la Academia de la Historia, en la Real Academia Española, en la de Cánones y en la de Bellas Artes de San Fernando, y en 1780 es nombrado Consejero de las Órdenes Militares. Forma parte de juntas económicas, preside reuniones en nombre del rey, redacta discursos y elogios para distintas instituciones.

En 1782 es elegido director de la Sociedad Económica de Asturias, tras su discurso sobre la reforma industrial del Principado. Siguen años de gran actividad: trabaja en la reforma de los estudios universitarios o la explotación de las minas de carbón asturianas, entre otros temas, y además escribe versos, analiza y describe distintos monumentos, y forma parte de la junta del Banco de San Carlos.

En 1790 es encarcelado su amigo Francisco de Cabarrús, y Jovellanos hace lo posible por ayudarle. A consecuencia de ello sufre un “destierro disimulado” hasta 1797, y es obligado a trasladarse a Asturias. Es en estos años cuando pone en marcha su más ambicioso proyecto, el Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía, inaugurado en Gijón en 1794

A finales de 1795 la Inquisición pretende prohibir, sin éxito, su Informe en el Expediente de la ley agraria. Dos años después, Godoy le nombra ministro de Gracia y Justicia, para reformar los estudios universitarios, dar cauce legal a las medidas propugnadas en su Informe y amortiguar el partido reaccionario —que encabeza la Inquisición. Pero el 16 de agosto de 1798 es cesado, tras sufrir un intento de envenenamiento. Su salud queda deteriorada, y se traslada a Gijón, donde vuelve a dedicarse al Instituto. Crecen los problemas económicos y el desprestigio de su persona, y en la madrugada del 13 de marzo de 1801, Jovellanos es detenido en su casa.

Como preso, es conducido hasta la isla de Mallorca, donde permanece encarcelado hasta 1808. Pese a las múltiples peticiones hechas al rey, no consigue ser juzgado. Son años de coraje: nunca abandona su actividad, y se entrega intensamente a la lectura y la escritura, burlando la vigilancia.

El motín de Aranjuez de 1808 coloca en el trono a Fernando VII, y Jovellanos queda libre. Pero el grupo de los ilustrados se divide entre los que creen que Napoleón y José I resolverán los problemas de España —los afrancesados—, y quienes consideran que los españoles pueden llevar a cabo solos esta tarea. Los afrancesados intentan convencer a Jovellanos para que colabore con José I, pero él se niega repetidamente. Acepta, sin embargo, representar a Asturias en la Junta Suprema Central Gubernativa del Reino, compuesta por los diputados de las Juntas provinciales, creadas para luchar contra Napoleón.

Al instaurarse la Regencia el 31 de enero de 1811, Jovellanos pide permiso para retirarse a Asturias, aunque una tormenta le obliga a refugiarse en Galicia durante meses. Los ataques a la Junta Central y el trato injusto que sufre el ilustrado por parte de la Junta de Galicia, le llevan a escribir la Memoria en defensa de la Junta Central (1811). Libre ya Gijón de los franceses, Jovellanos entra en su ciudad natal el 7 de agosto de 1811, aunque —invadida de nuevo la ciudad—, debe abandonarla en noviembre. Tras una fuerte tempestad, el bergantín en el que viaja llega a Puerto de Vega, Asturias, donde Jovellanos fallece el 28 de noviembre de 1811.

Jovellanos y Mallorca

Jovellanos y Mallorca

Gaspar Melchor de Jovellanos nació en Gijón (Asturias) el 5 de enero de 1744. Destacó como jurista, político, ensayista y escritor. Se le considera uno de los más destacados representantes del enciclopedismo ilustrado español. En 1767 ocupa la plaza de magistrado de la Real Audiencia de Sevilla. El año 1778 consiguió el tralado en Madrid, a la Sala de Alcaldes de Casa y Corte. En 1790 debió partir, desterrado de Madrid, hacia su ciudad natal. El 10 de noviembre de 1797 fue nombrado por Godoy ministro de Gracia y Justicia; nueve meses después, cayó en desgracia y volvió a su tierra. El 13 de marzo de 1801 Godoy ordenó su destierro a Mallorca. Inicialmente, fue confinado a la Cartuja de Valldemossa (abril de 1801-mayo de 1802); después, sufrió un tratamiento más riguroso y fue cercado en el castillo de Bellver (5 de mayo de 1802-6 de abril de 1808).

Durante su estancia en la Cartuja de Valldemossa, Jovellanos disfrutó de un cierto grado de libertad, y nos dejó referencias de sus paseos en sus diarios; como la excursión que realizó a la ermita de la Trinidad el 30 de noviembre de 1801, escrita en una prosa concisa, quizás no revisada para la publicación: “Por Son Moragues, camino de la Torre, a los hermitaños de Trinidad: sitio alto, desierto, hórrido, descubierto al O. y N. sin más ventaja que el descubrimiento de un vasto mar...” (Fragmento de un diario en Valldemuza, 104).

En el castillo de Bellver, pese a las duras condiciones del confinamiento, Jovellanos escribió varias obras, entre las cuales destacan algunas que tienen la misma fortaleza como objeto de investigación, o como punto de partida: Descripción topográfica de la escena o vista de la isla de Mallorca observada desde el castillo de Bellver, obra firmada el 5 de mayo de 1805. También escribió Descripción histórico-artística del castillo de Bellver, que se convirtió en el mejor estudio sobre su prisión, y Memorias del castillo de Bellver. Una lápida colocada el año 1849 en el cuarto que ocupó en la fortaleza recuerda la estancia del ilustre estadista y escritor.

Jovellanos fue liberado el 6 de abril de 1808, tras el motín de Aranjuez. Se despidió de Mallorca y de sus amigos mallorquines y volvió a la península, donde muy pronto estalló la guerra del Francés. Rechazó formar parte del gobierno de José Bonaparte y representó Asturias en la Junta Central antinapoleónica y contribuyó a fortalecer y reformar las Cortes. Abandonó Cádiz en 1810 y fue a Galicia. El 27 de julio de 1811 llegó a Gijón, abandonada en aquel momento por los franceses; estos volvieron a ocupar su ciudad natal y Jovellanos tuvo que volver a partir. Enfermo de pulmonía, murió en Vega (Navia, Asturias) el 27 de noviembre de 1811.

Las obras que Jovellanos escribió en Mallorca son las siguientes:

  • Extracto y traducción de la Historia de la Cartuja de Valldemuza, de Fray Alberto Puiz. 1801.
  • Tratado de botánica mallorquina o Flora medicinal de Valldemosa. (1801).
  • Primera representación a Carlos IV. (Valldemossa, Mallorca, 24 de abril, 1801).
  • Segunda representación a Carlos IV. (Valldemossa, Mallorca, 1802).
  • Memoria sobre la educación pública o sea tratado teórico- práctico de enseñanza con aplicación a las escuelas y colegios de niños. (Cartuja de Valldemossa. Mallorca, 1802).
  • Origen e introducción de la agricultura en Asturias. (Castillo de Bellver, 1804).
  • Instrucción dada a un joven teólogo al salir de la Universidad, sobre el método que debía observar para perfeccionarse en el estudio de esta ciencia. (Castillo de Bellver, 1805).
  • Memoria del castillo de Bellver, descripción histórico- artística. (Castillo de Bellver, 1805).
  • Descripción topográfica de la escena o Vista de la isla de Mallorca observada desde el castillo de Bellver (1805)
  • Carta Histórico- Artística sobre el edificio de la Lonja de Mallorca (1807)
  • Carta Histórico- Crítica sobre el edificio de la Iglesia catedral de Palma en Mallorca (1807)
  • Representación a Fernando VII. (Mallorca, 18 de abril, 1808).

Ponencia de Basilio Baltasar
Conferencia del Presidente del Principado de Asturias Vicente Álvarez Areces
Conferencia del Presidente de las Illes Balears Francesc Antich